Cinco minutos de culpas y bendiciones.

Hoy, al cuarto para las dos me masturbe como cada noche. Tomé café que por no ser punta, es Punta del Cielo. Fumé como para dejar mi aliento podrido. Agonizo cada día en León, ciudad sin alma, jodida. Huyo de las nostalgias como del agua salada huye el pez más listo. Pero hoy ellas han venido ha por mi, me atacan y no me dejan dormir. Cansado por un día de trabajo. Más Sabina para los oídos y cada vez menos edad de pretender ser un alcohólico regenerado. Las malditas nostalgias me entraron al ver la temporada uno de Los Sopranos, magnifica serie de nostalgias por dos películas base: El Padrino y Godfillas. Deprimente, como para odiar a tu familia y desear nunca tener hijos ni esposa, de escapar de los hipócritas curas de cajón, de los amigos que solo quieren apretarte el cuello lentamente. Pero que carajos, hoy al filo de las once de la mañana, en el Gran Jardín, la vi, a ella, la perfecta niña de los ojos eternos, de los labios exigentes, de los pechos pequeños, de los muslos perfectos, lástima que no es ferpecta, es casada. Seguramente con su alguien estúpidamente rico de herencia. Tres hijos tiene, no sé su nombre, ella tampoco el mío (pienso que no le interesa en absoluto) pero los cinco minutos que nos vimos, nos fijamos los ojos, fue mas intenso que diez cenicientas de saldo y esquina juntas. Hermosa donde las hay, se supo explorada, deseada, coqueteo un poco conmigo, ojalá que para salir del insomnio, del sentimiento de culpa por la eyaculación precoz, se me borre el sabor de espresso y apague por fin el cigarrito, ella deje su balcón abierto esta noche....

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