Joaquín Sabina, viuda e hijos, en el Auditorio Nacional.

Finales de Octubre. Sábado por la noche. Auditorio Nacional del DF, sobre la avenida más hermosa del mundo; la Reforma. Joaquín Sabina después de no sé cuantos conciertos dados en ese mismo recinto, vuelve con su Alivio de Luto bajo el brazo y, escondido en su clásico bombín, un montón de sentimientos hacia su público Mexicano.
Fue a finales del 2001 cuando, estando borracho hasta la médula, Sabina intentó hacer pis, y, perplejo descubrió que la parte izquierda de su cuerpo no le funcionaba; el diagnostico: un ligero infarto cerebral sin secuelas. Él se baja de los escenarios, declara que podría jugar ha no necesitar dar más conciertos en su vida, ni a tomar mas una sola guitarra, pero que “sin un papel en blanco, no se veía en esté mundo”. “19 Días y 500 Noches” fue su último trabajo trasnochado, escrito desde los hoyos más obscuros de su amado Madrid, donde se juega la vida el asesino y el poeta. Su disco favorito.
Libros y presentaciones literarias, “Dímelo en la calle” de por medio con sus cortes casi en tono de duelo, de arrepentimiento, de decirnos que él también sabe jugarse la boca. Pero la realidad fue bien distinta, depresión crónica, ganas de tener ganas de…pero la espera y la huida fue larga. Cinco años sin cantarnos. “Ciento volando, de catorce”, “Con buena letra I”, “Esta boca es mía”, “Reflexiones sobre José Tomás” fueron algunos de los libros que presentó Sabina en lo que estuvo instalado detrás de la nube negra.
En 2005 aparece “Alivio de Luto” con sus músicos y productores y fans y amigos y responsables del sonido SABINA desde hace más de 20 años: Panchito Varona y Antonio García de Diego. Y como decía en un soneto: On the road again. Gira de calentamiento Ultramarina, en teatritos y recintos pequeños en España y Argentina, pero nada de México, ni una solo fecha. Termina esa etapa del Tour y empieza “Carretera y Top Manta” y sobre ella recorre toda España con un show más eléctrico, más rockero, mas joven. Éxito total en esa gira y por fin dos fechas en el Auditorio Nacional del DF Mexicano, pero regresando a la Gira Ultramarina.
El show empieza a las 8:15 de la noche, con el sonido local de fondo, la primera canción del disco “Física y Química” es decir “Y nos dieron las Diez”. Fuera luces y sin más rollos los primero acordes de “Aves de paso”, después, “Ahora que” con sus azotes de bastón contra el suelo, en clara rebeldía contra la vejez, la sordidez, lo políticamente correcto. “Esta noche contigo” canción que según los concecedores la escribió en el México que desfrutó: el de los bares con mariachis borrachos del Tenampa.
Saludo al respetable diciendo que la venganza de Moctezuma le está cargando la mano. Que estos cabrones son los músicos del Titanic que siguen tocando mientras él se hunde. Elogió y recordó que fue en el Auditorio Nacional (antes de la remodelación) el foro que le abrió las puertas hacia su consolidación en América. Bromeo con la gente sobre la situación de “retirada” de Chavala Vargas para dar salida al clásico “Por el bulevar de los sueños rotos”, nos dijo que el día que quieran se juntan cinco o diez mil mexicanos para ir juntos a tirar a hostias el muro de la vergüenza de los gringos, que ese día el se apunta para ir con nosotros. Ovaciones.
Saludo a un asistente en particular: el Gabo García Márquez. Dicen que hubo un buen de asistentes notorios al evento, hasta Felipe Calderón Hinojosa estuvo en un palco. Dijo que en está época es bueno llevar sombrero, por si hay alguna ocasión de quitárselo ante alguien y lo hizo ante el publico mexicano.
Cerca de treinta canciones cantó Sabina con sus hijos y su viuda entre otras: “Mentiras Piadosas”; “La del pirata cojo”; “Llueve sobre mojado” burlándose de la voz de seda del rosarino Paez; “Ruido”; “Siete crisantemos” con su fondo musical Dylaniano tocando las puertas del cielo. “Marylin Monrou” cantada por Olga Román y los demás músicos. “A la orilla de la chimenea” por Antoñíto García de Diego al piano, él sólo. “Como un dolor de muelas” empezada por todos y rematadas por Sabina.
Siguió con “Peor para el sol” “Quién me ha robado el mes de abril”; “Calle melancolía”; “Conductores suicidas”; “Una canción para la Magdalena” con la puesta en escena de Olga Román haciendo de puta carroñera sin cobrarle al parroquiano Joaquín. Versión roquera-jovial del clásico “Princesa”. Llegaron las aliviadas canciones “Pájaros de Portugal”, “Resumiendo” y la versión libérrima de Leonard Cohen “Pie de guerra”.
Resulta digno de apuntar que a estás alturas del partido, su publico mexicano esta más que comprometido con el artista y con su propuesta. Oír a todos los asistentes cantar todas y cada una de las canciones y escuchar con los oídos bien abiertos los comentarios, pequeños sonetos y bromas del Ubetense es algo que solo algunos alcanzan. Diez mil almas cantando todos los toros que echó el andaluz, fue maravilloso.
Sabina, con más edad y más “oficio” salió y dijo…”no me prestaré a jugar al juego de que me meto y me sacan a aplausos, así que qué les parece si me siento aquí y cantamos algunas canciones y después nos vamos sin más...” Y así fue, nos dejo caer la adrenalina con la boleristica “Contigo” con referencia política incluida al conflicto sureño con “…yo no quiero París con aguacero, ni Oaxaca sin ti…”; “Noches de boda”; “19 Días y 500 noches”; “Y sin embargo” la mejor composición de Sabina según la critica especializada. Ya para terminar todo el show cantamos “…nos dijimos adiós, ojalá que volvamos a vernos…el verano acabó, el otoño duró lo que tarda en el llagar el invierno… Y nos dieron las diez y las once las doce y la una y las dos y las tres y desnudos al anochecer nos encontró la luna…”
Se despidió Joaquín Sabina del México que le atormenta, de la mano de sus cómplices, y, como tema de fondo, el que cierra el disco “Física y Química” ésta es, “Pastillas para no soñar”. Pero como no soñar con la música de ese alquimista de las ilusiones, de ese maestro de lo mío, de lo tuyo, de lo nuestro?. Con su música bendita que resulta todo un lujo para el alma y el oído?.
Alguien me dijo alguna vez, que qué carajos le hacia a la gente Joaquín Sabina que una vez escuchado algo de su material, no lo podian dejar de oir? Que qué veíamos en su música, en su forma de ser? Que qué tenia de buena la poesía incluida en sus canciones?, a lo que respondí…”bueno creo que todos los hombres, alguna vez, de jóvenes, quisiéramos haber sido como es él…”
